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José María Millares Sall: "Con la censura yo escribí todavía más"
Entrevista por Antonio García Yedra

José María Millares Sall forma
parte de una familia consagrada al arte y las letras. Junto a sus hermanos
Agustín y Manuel, puso en marcha, a finales de los años cuarenta, el proyecto
Planas de Poesía, que revitalizó la poesía canaria durante la posguerra y se
adelantó a la poesía social española de los años cincuenta. En su bibliografía
destacan títulos como Liverpool (1949), Ronda de luces (1950) o Ritmos
alucinantes (1973).
En su memoria siguen vivos los recuerdos de una época en la que la poesía hizo
el milagro de subsistir en medio de la adversidad, mientras parece marchitarse
en la actual sociedad del bienestar. A sus 78 años, Millares aconseja a los
jóvenes poetas que "se cultiven en la preceptiva para luego poder soltarse".
Se cumplen cincuenta años de la publicación de su poemario 'Liverpool', que fue la primera entrega de la colección Planas de Poesía. ¿Cómo recuerda aquella época?
Nos reuníamos en el Pueblo Canario con Ventura Doreste, Pedro Lezcano, mi hermano Agustín, Juan Mederos, Joaquín Blanco y otros muchos. Después trasladamos la tertulia a la biblioteca del Museo Canario. Fue una época triste y alegre al mismo tiempo, porque éramos jóvenes. Después de la colección Cuadernos de Poesía y Crítica, que no prosperó, surgió Arca, de Ventura Doreste y Pedro Lezcano. Presenté un poemario pensando que podría entrar en esa colección, pero me empezaron a dar evasivas. El poemario era Liverpool, que no entraba dentro de sus planes, porque rompía con la medida del verso. Entonces decidí crear Planas de Poesía.
¿Qué significó para la poesía canaria la aparición de Planas?
Tuvo repercusión nacional. Llegó a Madrid y Barcelona. Recuerdo que nos llamaban los "planistas". En fin, llegó a tomar cuerpo como revista, no solamente colaborábamos con poetas canarios, sino también con autores de la Península. Se comentaba en estaciones de radio de México o Francia. Se llegaron a leer poemas en Radio Moscú.
¿Qué recuerdos tiene de su relación con Gabriel Celaya o Vicente Aleixandre?
Me carteaba con Celaya antes de conocerle personalmente, cuando fui a Madrid en el 58. Conocí a muchos otros poetas en aquella época: Pepe Hierro, Cansinos y, por supuesto, Vicente Aleixandre, que de algún modo era el padre de todos nosotros. A todo el que le mandaba un cuaderno o un librito Aleixandre siempre, siempre, siempre contestaba con una carta cariñosa y alentadora. Era un hombre muy afable del que tengo un gran recuerdo.
¿Hasta qué punto afectó no sólo a su obra, sino a su vida la censura franquista?
Era feroz. Empecé a escribir prosa y a publicar cuentos y teatro, pero tuve que desistir porque lo tachaban todo. En cambio a la poesía, quizá porque no se leía o porque pensaban que estaba escrita en sánscrito, los censores no le daban mucha importancia.
Usted dedicó precisamente a los censores un poema que hasta hace poco estaba inédito.
No se pudo publicar en Liverpool, aparte de otros poemas que quedaron fuera porque la censura en provincias sólo autorizaba 32 páginas y todo lo que pasara de ese número tenía que ir a Madrid, donde más que la censura estaba la Inquisición elevada al grado sumo.
Pero luego tuvo que sufrir de forma más directa las consecuencias de aquella censura...
En la época de Planas, en octubre del 51 (nunca me puedo olvidar de esa fecha), yo vivía con mis pades en Los Lentiscos en un chalé muy pequeño, y allí me fue a detener la policía a eso de las doce de la noche. Se desplazó de Madrid una brigadilla. Entonces era inspector Roberto Conesa, muy conocido por su manera de interrogar. Un hombre muy cruel y sádico que hizo su aprendizaje con los nazis, con golpes dados en determinadas partes del cuerpo para causar más dolor. A mí me cogieron con otros, y fui el único incomunicado, no sé por qué. Por lo visto mi rostro no le gustaba, porque cuando íbamos en el coche celular de entrada el tal Conesa viene y me dice "qué cojones tienes". Yo no había abierto la boca. Ya en la comida empezaron los golpes y me tuvieron tres día encerrado. Después me pasaron a otra comisaría que era peor, que estaba debajo del nivel del mar. Había tres celdas: dos daban a un patio y la otra estaba al final de un pasillo, que fue donde me metieron a mí. Allí no se veía nada de nada. Entré a ciegas hasta que llegué a un banco de cemento adosado a la pared, donde me senté. No recuerdo nada de cuando dormí o hice las necesidades... Así me tuvieron seis días, en los que no me dieron comida ni agua. Cuando me trasladaron a la cárcel fue como si me llevaran al cielo. Yo pensé que de allí no iba a salir. Después, la censura recibió órdenes de que tanto a mi hermano Agustín como a mí no nos aceptaran nada. Eso no quiere decir que dejáramos de escribir. Creo que escribí todavía más.
¿Cómo se las ingeniaba?
En ese tiempo hice una colección mecanografiada clandestina, yo mismo la cosía y la pasaba hoja por hoja con papel barba. En ese tiempo no existía la fotocopia. Hacía diez ejemplarez de unas veinte páginas. Cada ejemplar dedicado a un determinado poeta: Celaya, Hierro, Leopoldo de Luis... Todos estaban entusiasmados con aquella colección. Pero cuando nos fuimos a vivir a Madrid la colección se quedó en cuatro números. Entonces ya les conocí personalmente, entre ellos a Celaya.
Del grupo de Planas se ha afirmado que se adelantaron de alguna manera a la poesía social de los años cincuenta, caracterizada por mayor libertad formal.
Nosotros salimos con Antología cercada en el año 47, y eso lo reconoce Vicente Aleixandre. Dijo que nosotros éramos los pioneros del movimiento, y existe una carta que se publicó en el periódico.
Da la impresión de que se repite la circunstancia de que en Madrid se ignora la importancia histórica de movimientos o autores por el hecho de estar en Canarias, como los surrealistas o Morales y Quesada.
Lo digo desde ahora: esto es un exilio. Para el artista, para el poeta, para el pintor, esto es un exilio. Vivir aquí es como estar exiliado. Todo lo que se puede hacer aquí no sale, y si llega a la Península, no tardan en echarlo a un lado. Yo, que he vivido tanto tiempo en Madrid, me he dado cuenta de que se mira a las Islas Canarias como una cosa lejana, donde se viene a pasar la luna de miel, pero nada más. Lamentablemente, para poder vivir de esto una persona tiene que coger el avión y marcharse fuera. Esa es la triste realidad. Aquí no hay ningún poeta galardonado con premios nacionales.
[...]
(Entrevista publicada en el diario 'La Tribuna de Canarias', Las Palmas de Gran Canaria, 31 de octubre de 1999)
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